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La IA se aprende en lo pequeño

04-11-2026 Por José Pablo Canal de Velasco

Mi hijo prefiere jugar con quien le explica. Los que deciden, también.

«Así sí entiendo.»

Es la frase que le sale a cualquiera cuando por fin alguien, o algo, le aclara lo que otros llevaban años complicándole. Y casi siempre ese alguien sabía lo mismo que los demás. La diferencia estaba en otra parte. Quien se lo aclaró tenía la explicación a la mano, en el momento y a su tamaño, y lo dejó repetir la jugada. Con eso se enciende la curiosidad.

A la inteligencia artificial nadie esperó a que se la explicaran. En 2024, el Work Trend Index de Microsoft y LinkedIn encuestó a 31,000 personas en 31 países: tres de cada cuatro profesionistas ya usaban IA en su trabajo, el 78 por ciento de esos usuarios llevaba al trabajo sus propias herramientas de IA, y solo el 39 por ciento de ellos había recibido capacitación de su empresa. Eso tiene mérito y tiene riesgo: esas herramientas se van con datos de la empresa adentro. La encuesta mide cuántos la usan. Dónde aprendió esa gente a pedirle algo a la IA y a dudar de lo que contesta, nadie lo midió. Mi apuesta es que lo aprendió en lo pequeño, mucho antes de que llegara el curso.

Lo pequeño, en mi casa, es una tableta.

Lo que me enseñó el entrenador de mi hijo

Mi hijo juega ajedrez. En casa jugamos en un tablero de verdad, de madera, y también en mi Galaxy Tab, donde la app de ajedrez pone las piezas casi del mismo tamaño y justo en el lugar en que él espera encontrarlas. En esa app tiene un entrenador que es una inteligencia artificial, y con él toma clase. Hace poco me dijo, sin maldad, que a veces prefiere jugar con el entrenador que conmigo, porque le explica jugadas que no conoce. Me lo dijo con la tableta en las manos, al terminar una clase. Y así me enteré de que mi hijo ya elige a quien le explica, aunque no sea una persona.

Lo reconocí de inmediato. En las empresas he visto a más de una elegir al proveedor que le explicó la inteligencia artificial en un lenguaje que podía entender, por encima del que presumía saber más. No por simpatía. A lo que entiendes le puedes hacer preguntas; a lo que no, solo le puedes creer.

Esa tableta sale del tablero y se va por toda la casa.

Del atril a la estufa

Durante años pensé en una tableta como algo para entretenerme en un vuelo. Hoy la mía va de un cuarto a otro. Está junto al piano, en la cocina, en el cuarto de mis hijos y, entre semana, en la mochila con la que me voy a trabajar. Tardé en entender por qué el formato sigue haciendo falta, si ya traemos un teléfono en el bolsillo y una laptop en la mochila. Cada uno tiene su tamaño de tarea. En el teléfono cabe un mensaje, pero no una partitura abierta, ni una receta completa, ni una propuesta de veinte páginas que quieras leer de corrido. La laptop sí las carga, pero pide una mesa, una silla y dos manos, y nadie se la lleva a la cocina ni la para en el atril del piano. La tableta es del tamaño de un cuaderno grande, se sostiene con una mano y, sobre todo, se escribe encima. Es la pantalla en la que leer y anotar se parece a hacerlo en papel.

Mi Galaxy Tab fue la primera lección de la casa, pero no fue la única. Mi hijo empezó a tocar piano con ella conectada al piano electrónico y puesta en el atril, porque la pantalla ocupa casi lo mismo que su libro de partituras abierto. En la cocina la paro en un soporte con mis recetas; con las manos ocupadas la acerco, paso la página con un dedo y le pongo pausa al video cuando voy atrasado. Y ahí fue donde la IA se metió a lo pequeño. Les tomo una foto a los ingredientes que encuentro en el refrigerador y un asistente de IA me adapta la receta a lo que hay. Así descubrí que mi pasta del sábado pasado iba muy bien con carne molida en lugar de pollo. Lo que me propone lo leo completo antes de prender la estufa, para saber si se equivocó antes de servir el plato, no después. Lo peor que puede pasar es perder una cena, y una cena se resuelve con una pizza en treinta minutos.

El piano que no se podía afinar

Con el otro piano, el que heredamos, no había pizza que me salvara. Llevaba años callado y decidí restaurarlo para mi hijo. Las piezas las pagaba yo, y un error con ellas no se arregla en treinta minutos.

El piano no tenía ni la marca visible. Con fotos, el mismo asistente me ayudó a identificarlo y a saber si valía la pena restaurarlo. También me dijo que le faltaban piezas y que no se iba a poder afinar. Eso no lo firmé así nomás. Averigüé quiénes daban ese servicio en mi zona, cuánto podía costar y si cabía en mi presupuesto, y traje a un afinador que supiera tratar un piano de esa edad. Cuando lo abrió, las piezas estaban adentro. No había que comprar nada. El asistente se equivocó porque le faltaba lo que las fotos no enseñan, y lo dijo con la misma seguridad con la que había acertado la marca.

Las mañas de la casa, en el salón de clase

Entre semana doy clases y conferencias de inteligencia artificial a equipos directivos, y la tableta se va conmigo con las mañas de la casa. Con Multiventana tengo las notas del orador junto a la lámina que va a ver el público, para revisar que digan lo mismo antes de subir al escenario. Y encima de las láminas escribo a mano con el S Pen lo que se me ocurre, lo que alguien preguntó, el dato que acabo de ver, para que lo anotado salga del salón conmigo y no se quede en una servilleta.

La nueva Galaxy Tab S12 Ultra tiene poco más de cinco milímetros de grosor, viene con Galaxy AI y rinde más que la anterior. La ficha dice cuánto pesa y cuánto mide, pero no dice en qué cuarto de la casa va, porque eso lo decide cada quien. En mi casa, mi Galaxy Tab está en todos los cuartos, cuando hace falta aprender.

Tres preguntas antes de firmar

En las salas donde doy clase veo a muchos que aprueban proyectos de IA en la oficina antes de haberla probado así, con sus propias manos y con algo chico en juego. El lunes, la misma tableta que el sábado adaptó la pasta recibe la propuesta de un proveedor de IA. La abro, le escribo encima con el S Pen y le hago tres preguntas, las que le haría a cualquier presentación: qué hace hoy y con qué datos, qué pasa cuando se equivoca y quién lo nota, y cuánto trabajo de supervisión me agrega. La propuesta no se la enseño al asistente, porque no es mía para compartirla; le pido lo que la propuesta no trae: qué ha pasado en casos parecidos y qué suele fallar. Y la leo como leí lo del piano, preguntándome qué no se ve en la foto antes de firmar.

Mi hijo prefiere jugar con quien le explica. Yo también. La IA se aprende en lo pequeño.

Fuentes

Microsoft y LinkedIn, 2024 Work Trend Index: AI at Work Is Here. Now Comes the Hard Part (8 de mayo de 2024; 31,000 personas en 31 países): https://blogs.microsoft.com/blog/2024/05/08/microsoft-and-linkedin-release-the-2024-work-trend-index-on-the-state-of-ai-at-work/

Funciones y dimensiones: ficha oficial de la Galaxy Tab S12 Ultra, Samsung México: https://www.samsung.com/mx/tablets/galaxy-tab-s12/

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