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Tres capas de privacidad que ya traes en el bolsillo

14-08-2026 Por José Pablo Canal de Velasco

En primavera las jacarandas de la Ciudad de México sueltan sus últimas flores. El morado todavía pinta las banquetas de la ciudad, pero el aire cambia. Las tardes se nublan más rápido. Las primeras lluvias se sienten. Cualquiera que lleve tiempo en esta ciudad sabe lo que eso significa: hay que empezar a vestirse por capas.

La chamarra ligera que cargas en la mochila “por si acaso.” La bufanda que te pones al cuello cuando baja la temperatura después de las seis. La ropa térmica que nadie ve debajo de la camisa. En esta ciudad aprendes que el cielo te puede cambiar el día en veinte minutos, y que la mejor protección es la que ya traes puesta.

Hay un dato que sorprende a mis amigos cuando nos visitan: la Ciudad de México acumula más lluvia al año que Londres. 820 milímetros contra 600. Allá es una llovizna constante, casi amable, que se resuelve con paraguas. Aquí los días de lluvia son menos, pero cuando cae, cae en serio. Los chilangos lo sabemos. Por eso el paraguas no sirve de mucho en temporada. Por eso la chamarra siempre va en la mochila.

Algo parecido me tiene pensando últimamente sobre la tecnología que uso todos los días.

La seguridad de los datos personales está en la agenda de todos. México avanza hacia un registro biométrico obligatorio para usuarios de telefonía móvil. Los ciberataques impulsados por inteligencia artificial van en aumento en toda América Latina. Y según la encuesta Omdia Mobile Device Security Survey de octubre 2025, solo el 16% de los consumidores considera la inteligencia artificial como un factor crítico al elegir un teléfono. La IA lleva meses trabajando por ellos en segundo plano, y hasta hoy no hemos dimensionado su impacto.

Déjenme contarles cómo lo descubrí.

La semana pasada recibí una notificación de un pago importante que había detectado un problema. Iba en el elevador de la oficina, hora pico, apretado, el tipo de elevador donde puedes leer los menajes de la persona de junto sin proponértelo. Vi el monto, vi el detalle del error, y sentí esa incomodidad que todos conocemos: alguien está viendo mi pantalla. Pero me equivoqué.

La Privacy Display de mi Galaxy S26 Ultra estaba activada. La pantalla controla la dirección de la luz a nivel de pixel: legible de frente, prácticamente invisible desde los lados. Sin filtro pegado, sin perder brillo, sin tocar nada. Mi teléfono se había encargado de esa capa de privacidad por mí.

La chamarra que ya traías puesta cuando empezó a llover. No la tuviste que buscar. Ya estaba ahí.

Unos días después, caminando por el poniente de la ciudad, tuve que refugiarme en un café hermoso que estaba de pasada. El cielo se puso gris en cuestión de minutos y mi llamada de trabajo no iba a esperarme. Recurrí a la tecnología como aliado: me puse mis Galaxy Buds4 Pro y la cancelación de ruido hizo lo suyo. El café lleno, la máquina de espresso, las conversaciones, todo desapareció. Pero lo que me llamó la atención fue lo que pasó del otro lado. La persona con la que hablé me dijo después que me escuchó perfecto, sin ruido de fondo. En otra época podría jurar que estaba en la oficina. Esos seis micrófonos hicieron su trabajo, aislando mi voz del entorno.

Privacidad también es eso: que tu conversación de negocio se quede entre tú y la otra persona. Que los números que estás revisando con tu equipo no se vuelvan públicos en un café lleno. Privacidad que escuchas y privacidad que otros no escuchan. La bufanda que te pones cuando el viento cambia. No la necesitas todo el día, pero cuando la necesitas, agradeces haberla traído.

Esas dos capas son tangibles. Las sientes, las notas, podrías explicarlas en treinta segundos a cualquiera. La que sigue es más difícil de ver, y probablemente es la más importante.

Hace poco estaba editando unas fotos del fin de semana desde mi Galaxy S26 Ultra y me detuve a pensar en algo que normalmente doy por hecho: todo ese procesamiento estaba ocurriendo dentro de mi teléfono. Photo Assist mejoró las imágenes sin que salieran del dispositivo. Y lo que empezó como edición de fotos me llevó a otra función que uso cada vez más: Now Nudge. Es una especie de asistente contextual que lee lo que aparece en mi pantalla y me sugiere acciones. Si alguien me manda una dirección y una hora, me propone crear el evento en mi calendario. Si detecta un número de teléfono en una conversación, me ofrece guardarlo. Es privacidad y conveniencia al mismo tiempo: mi información se procesa localmente y además no tengo que abrir tres aplicaciones distintas para lograr lo que mi teléfono ya resolvió por mí.

Y luego está el tema de las llamadas sospechosas. Tengo que admitir que al principio lo dudé, como cuando sales de la casa y no sabes si llevarte la gorra para el sol. La primera vez que el teléfono me alertó de una llamada potencialmente fraudulenta, ignoré el aviso. Contesté. Era una tarjeta de crédito más que no necesitaba. Me arrepentí de haberlo dudado. Desde entonces, la cantidad de falsas llamadas que llegan a interrumpirme se redujo notablemente. Todo ese análisis sucede localmente, dentro del teléfono, sin que mi información viaje a un servidor externo.

En un momento donde la protección de datos personales está en el centro de la conversación pública en México, donde los ataques de phishing potenciados por IA ya son una realidad documentada, las consecuencias de esta capa invisible son reales. Tan reales y tan relevantes como tener una buena cámara o conectividad inalámbrica confiable. La privacidad del procesamiento local ya pertenece a esa misma conversación.

Que mi teléfono pueda procesar, mejorar y analizar lo que necesito sin tener que enviarlo a otro lado es una decisión de diseño con impacto directo en mi día a día. El Galaxy S26 Ultra y su ecosistema Galaxy están construidos para que la inteligencia trabaje donde viven tus datos: en tu bolsillo.

La ropa térmica debajo de la camisa. Nadie sabe que la traes, pero es la que mantiene el calor cuando todo lo demás no alcanza.

Cuando los datos y la inteligencia artificial se mezclan, llueve de verdad. Ningún paraguas alcanza. Lo que funciona es lo mismo que funciona en esta ciudad cuando cambia la temporada: capas. Cada una cumple una función distinta. Cada una protege algo diferente. Y las mejores son las que ya traes puestas cuando las necesitas, sin tener que pensar en ellas.

Nadie le dice paranoico a un chilango por cargar chamarra en abril.

Las jacarandas van a soltar sus últimas flores. Las lluvias van a llegar con fuerza. Y como cada año, los que mejor la van a pasar serán los que, como todo chilango que se respeta, ya traían la chamarra.

La próxima vez que desbloquees tu teléfono, vale la pena hacerte una pregunta: lo que acabas de hacer con esa foto, con esa llamada, con esa notificación, ¿dónde se procesó? Si la respuesta es “dentro de mi dispositivo,” ya traes una capa puesta que la mayoría no sabe que existe. Pensemos qué nos vamos a poner mañana.


Fuentes:

Omdia Mobile Device Security Survey, octubre 2025.

Datos climáticos: weather-and-climate.com / climatestotravel.com (promedios anuales CDMX y Londres).

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